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Poesía - Después de un viaje

La piedra: Alarido de la noche. Una voz desgarra por dentro mi garganta. Mi voz, extraña, venida de la sangre: Latido convulso. Una paz desencajada, violenta. Me desconozco frente al espejo y a todas las cosas pero esta materia es parte de mi ser, he dejado de ser para ser mundo. Todo el tiempo; el tiempo: Esta saliva que brota y escurre como un delirio recalcitrante. La bestia llama de muy lejos y convoca a todas las bestias. Dentro de mí el animal que despertó al cruzar el puente después del viaje reclama al unísono mi alma, mi alarido. Lo inexorable rompió el día a la mitad y el fruto fue la noche. Sobre mi cabeza el árbol perverso sustrajo de mis venas mil vidas, la luz vino después con la fuerza esplendida de lo temerario y tras un día de girar sobre mi cuerpo la palabra floreció sobre mi diafragma. *** Espero… Pero mis dedos accidentados convierten el polvo en pelusa. Intento tomar la pluma, pero el desgano de los objetos sobre la mesa me muestra las cicatrices de la Diosa primigenia, profetizad…

Historia Corta - El rostro que fui

El rostro que fui

Nota Editorial: Debido al tamaño de la obra esta se presentará en dos números, la segunda parte se encuentra en esta numero, la primera se encuentra en el número dos del año uno.
Capítulo 8:
Reencuentro:
La semana pasó y Felici se recuperó, comenzó a trabajar mediodía cubriendo un compañero, pero eso era más que suficiente por ahora, después de todo, más no podía esperar, ya habían pasado tres meses de la operación y su recuperación había sido milagrosa. Apenas salió, tenía que ver a Marion, algo tendría que ocurrirsele, de modo que pasaría por la casa como visitador médico anunciando nuevos productos, enfoques y tecnologías de la medicina. Se puso su mejor ropa y fue directo a su encuentro. En aquel entonces ya no tenía mucho que pensar, además de obviamente ropa nueva tener que comprar, ahora tenía muy pocas cosas porque todo lo había donado, le quedaban pocas pertenencias. Terminaba de cambiarse y se acercaba su cometido, ahora tenía el cabello como la bella durmiente, sus ojos sentía como si fuera que por primera vez se iluminaban. Y se marchó de allí decidida. Tenía puesto un vestido celeste con una chaqueta blanca y sus sencillos zapatos, fue hasta allí con el carro que Peling le había prestado; bajó y el momento había llegado. 
-Buenos días, dijo tocando la puerta, y al volver a ver a Marion su pulso se aceleró, solo quería abrazarlo y besarlo. 
Él se veía devastado, moribundo, triste. Ella le preguntó si se encontraba bien, él le dijo que sí, mirándola a los ojos, y en cuanto la vio, algo dentro se encendió. Observó sus ojos y sintió ver a Felici de nuevo, es como si a través de su mirada pudiera recuperar los ojos de su verdadera, única y auténtica amada. Él le preguntó (refiriéndose a ella como “señorita” si le pasaba algo en el cuello o en su mano debido al abundante calor que hacia y ella encontrarse cubierta). Ella le dijo que lo de las manos era por moda y que el cuello se lo había lastimado de pequeña y siempre lo cubría, finalmente terminaron hablando de cualquier otra cosa, menos de medicina, él le invitó un café y ella aceptó; se verían al día siguiente, ella feliz se encontraba. Marion fue quien sintió romper su propio corazón, extrañaba a Felici, la amaba, ni siquiera le había preguntado el nombre a la muchacha, aunque no podía negar que era muy hermosa, y él necesitaba distraerse, pero Felici era quien a Marion le arrebataba cada noche el sueño. Su alma vivía solo para ella, por y para su recuerdo, estaba claro que él aún la amaba, aún ella seguía siendo como su propia vida…
Capítulo 9:
Tu mirada habla lo que no debe:
La siguiente tarde se encontraron a tomar un café, las dudas inundaban a Marion, pero de todos modos iría donde prometió. Se juró así misma ponerse hermosa y evadir todo sentimiento de tristeza y culpa. En aquel instante se arregló muchísimo, se maquilló luego de mucho tiempo, se puso sus guantes de terciopelo, su cuello negró y salió a su encuentro. Ella lo sitó en el Mouling Rouge a ver las maravillas de Tolouse Lautreque y le dijo que allí le diría su nombre. Él llegó y ella tan solo le dijo “Angelique”, dándole la mano con sus guantes. Él se quedó asombrado ante el lugar que eligió y le recordó mucho a Felici, lo que lo alegró y entristeció. La charla se fue poniendo buena luego de un rato, y sonrió como hace tiempo no lo hacía. Además verla sonreír a ella era algo que  también le agradaba, podía ver en sus pómulos la sonrisa de Felici, todo en Angelique le recordaba a ella. Se quedó aún más asombrado cuando le dijo que era médica, aunque por supuesto no le dijo que era una médica cirujana plástica, sino una médica clínica, para que no fuera demasiado similar, y tuvo que inventar toda una historia a continuación, dijo que sus padres habían muerto y que no tenía familia, pero que vivía sola en una cabaña, que de pequeña había vivido con sus tías, Marion la miraba asombrado y casi no decía palabra. Luego les tomaron el pedido, Felici (Angelique) pidió un café fuerte y un crosaint, Marion recordó por la comida a Felici, ella hubiera pedido lo mismo y otra vez ella se escubulló entre sus recuerdos. Hasta que finalmente abrió la boca y de Felici habló. Ella quedó paralizada, no esperaba eso. Él dijo que para volver a ser feliz solo le faltaba una mirada de ella, aunque jamás la volviera a encontrar en su camino, ni volvería a verla, ni volvería a tenerla, dijo que tan solo quisiera poder sentir su fuerza a través de la expresión de su rostro, que pudiera sentir un segundo su luz, su calor a lo lejos… algo que la llamara a lo lejos, algo que lo hiciera volar y sentirse en el paraíso una vez más. Para que se dejara amar tan solo un instante más, estar juntos en la eternidad de un pensamiento, aunque a pesar de todo había sido ella la que destruyó su matrimonio, él contó que ella no volvió a insistir y se fue sin si quiera decirle que había firmado los papeles de divorcio, sino que de un día para otro lo hizo y se desapareció de su vida, pero que a pesar de todo él si la quería. Que su amor había sido el don más grande que la vida le dio, que cuando veía las estrellas del firmamento solo pensaba en ella: Felici tan solo concluyó... Al escuchar esto ella comenzó a llorar y dijo que tenía que irse, la duda de su transformación carcomía su mente, Marion quedó apenado…
Capítulo 10:
Aromas que delatan:
Al día siguiente Marion fue a buscar a Felici, o mejor dicho, a Angelique, se apareció en la cabaña el domingo por la mañana, solo Peling y Marion sabían donde estaban, así que sabía que era uno de ellos. Lo vio y le dio un vuelco el corazón, sus miradas se cruzaron con fascinación y de vuelta volvió a sentir como si la mirara a ella, pero esta vez decidiría evadir sus sentimientos. La invitó a cenar, le prometió que todo cambiaría y le pidió una disculpa. Felici claro que aceptó, si de todos modos estaba ilusionada y eso fue lo que le dijo, que se puso así al escuchar la forma en la que hablaba de quien había sido su mujer, que era todo un caballero y eso la había atrapado, tan simple y sencillo como eso, sin muchos rodeos… Pero ya no fueron una noche, sino dos, sino tres, a él comenzó a gustarle mucho, y todo el tiempo veía el erbor de la piel de Felici en los destellos de la sombra de la luz de Angelique. Tres meses más pasaron, y Marion decidió llevarla a conocer a sus amigos Edward y Marlin. Esa noche irían a cenar con ellos, aún podía recordar la última vez que los había visto y el desprecio en los ojos de su amiga… Felici llegó por cuenta propia en el carro que acababa de comprarse, era hermoso y rojo, como a ella le gustaba, esa noche estrenaría su vestido de Cocott Channel; la recibieron extrañados, en ningún momento hubieran visto que Marion estuviese mejor. Felici entró y se sintió sumamente incómoda, se presentó como Angelique y dijo que había llevado un vino para festejar, él no la presentó de ningún modo formal, pero se sabía que había algo entre ellos, de repente Marlin le preguntó a Felici (Angelique), por su fragancia. Esto le incomodó y recordó el momento en su cabeza. Hacia un año atrás habían ido a comprar el perfume juntas a la tienda, finalmente le dijo que era el único que siempre usaba. En aquella molecula de tiempo, Marlin observó los ojos de Felici y fue como si lo supiera pero no dijo una sola palabra en toda la cena… Al Marion escuchar esto se fue al baño e irrumpió en llanto, aún extrañaba tanto a Felici, que por eso no había podido todavía si quiera tocarla, y cada vez que la besaba en ella pensaba, en sus besos tan dulces, tan suaves, tan pasionales, aún la amaba a pesar de los seis meses, de eso no había duda, no había mujer en el mundo que pudiera hacer olvidar el mágico y único amor inigualable de Felici…
Capítulo 11:
Felici y Angelique; la potencia del amor:
Felici no había quedado nada conforme con la otra noche, todo había sido un desastre, apenas y habían comido. La cena había resultado una catástrofe, notó que Marion no había salido del baño en mucho tiempo y apenas había probado su cena, ninguno de ellos cuatro, y la charla en la mesa no resultó tan favorable. Nada había salido bien, pero se moría de amor al saber que él seguía pensando en ella, en su verdadero ser, porque no había matado a Felici, ella era Felici y lo sería siempre, hasta su último respiro, hasta su último suspiro, siempre sería Felici. Después de todo, Felici era quien había conocido a Marion, quien se había casado con él, quien le había dado parte de su vida, Angelique era solo un invento, el rostro bonito de un recuerdo. Pero Felici era la chispa de vida, el aliento, la verdadera felicidad, la real fantasia, la que le había dado vida a su amor en la Universidad, la que había pasado la carrera con él, la que todas noches a su lado había dormido, la que le había hecho el amor y robado su corazón, la que siempre podía devolverle la sonrisa, la que en él hacia que siempre vuelva a confiar, con la que platicaba y reía todos los días, con la que podía charlar por horas sin aburrirse, con la que se regocijaba cuando cerca tenía. Así era con ella, con Felici, solo con ella, porque Angelique era solo un invento de ese amor, una farsa, una mentira, pura irrealidad. En cambio con Felici no, solo que él no sabía que era Felici, su Felici, de ser así seguro que tampoco estaría con ella y jamás hubiera conocido a Angelique a no ser por Felici, la única, la auténtica, la verdadera, su amada, el puro y mágico amor de su vida. Felici, eso era. Seguía siendo su primer y único pensamiento en la mañana, cuando despertaba, y en la noche cuando soñaba. No cabía duda, ella aún era muy importante, muy especial, que recordar su persona le era lo más gratificante… pero también Marion sabía que de un modo u otro ella no existía más, que su sombra se había esfumado como un pincel que se evapora y se gasta en el agua, que sino fuera por Angelique; todo estaría perdido. 
Capítulo 12: 
Similitudes:
En la mañana Marion fue a buscar Felici, o en mejores términos (a Angelique), al trabajo, y desde fuera le llamó la atención ver la buena relación que tenía con Peling, el “famoso” médico y profesor que Felici admiraba tanto. Se quedó anonadado, no podía imaginar como eso había pasado. Entró al hospital y pidió conversar con Peling, lo esperaría en su oficina. Cuando Peling entró se quedó helado, le preguntó unicamente que se le ofrecía, y Marion le preguntó por Felici, Peling le dijo que hacia tiempo no sabía de ella. Marion se quedó descolocado ante la respuesta del doctor y le preguntó que era lo que quería de Angelique. El médico le respondió lo justo y necesario; que era una nueva médica que venía de lejos y ya, que por qué preguntaba, y Marion le dijo que por nada, pero antes de irse le hizo una pregunta un tanto incómoda…
-Profesor, antes quisiera hacerle una pregunta, le dijo Marion.
-No hay problema muchacho, le respondió.
-¿Ha notado el parecido entre ambas?, le preguntó.
-Mucha gente se parece, y no, no lo he notado, le dijo el doctor, sin si quiera poder mirarlo a los ojos.
-Esta bien, dijo Marion, y se marchó.
-¿Qué haces aquí, cariño?, le preguntó de pronto Felici, desde los ojos de Angelique.
-Pasé a buscarte como me pediste, respondió él.
-Pero acabas de salir del despacho del doctor, ¿por qué?, le preguntó.
-Le pregunté por ti, me llamó la atención la forma como se trataban después de que él haya sido tan amigo de mi esposa, y también le pregunté por ella, porque es como si se la hubiera tragado la tierra, concluyó.
-¿Y que hacías viendome con Peling?, dijo, arqueando la ceja.
-Pasaba y los vi por la ventana del edificio, nada más, no sé porque te molestas tanto, sentenció.
-Tienes razón, no le pensé, disculpa, vamos a almorzar, le pidió.
Duirante el almuerzo Angelique guardó silencio y en los momentos que Marion le preguntó ella solo dijo que estaba estresada por los pacientes, y luego de la comida se marchó a seguir con su labor.
Sin pensarlo dos veces se acercó adonde Peling y le preguntó que hacia hablando con Marion; él solo le respondió que Marion le había preguntado por el parecido entre las dos…
Capítulo 13:
El paraíso se destiñe:
-Te he notado extraña últimamente, le dijo Marion.
-Muchas preguntas rondan en mi cabeza, eso es todo, le respondió.
-¿Qué preguntas?, le preguntó, acercandose a su mano.
Pero ella se alejó.
-¿Qué ocurre?, la interrogó él.
-¿Por qué no dejabas trabajar tu esposa?, soltó.
-¿Por qué me preguntas sobre ella?, chilló enfurecido.
-¿Por qué te pones así?, le preguntó, devastada.
-¿Sabes qué?, largo de mi casa, le dijo él.
Y ella se fue sin pensarlo.
Después de todo, tal vez no tendría que haberle preguntado nada, y dejar las cosas como estaban, le dio mucha ira pensar en todo lo que había pasado, que ella no había podido trabajar y que como Angelique si podía hacerlo y hasta la fuera a buscar a su trabajo, siempre había querido eso, algo tan simple y sencillo como eso, y era muy cierto, porque ella siendo su esposa, en años no había podido disfrutar de cumplir sus metas, él le decía que sentía que así la perdería, pero no sabía si era que se ponía así porque le daba igual perder a Angelique, o si era así porque le gustaba que ella tuviera su libertad, como sea, quería recuperar a Marion, no podía quejarse por los modos, pero ahora lo pensaba y sentía que se moría por su amor. Después de todo, estaba celosa de ella misma, era desgarrador, cada vez que lo hacía pensando que era Angelique, jamás Felici, y eso era muy duro para ella, recordar cada momento de su amor, y tener que guardarselo en un rincón profundo de su corazón, sin poder exteriorizarlo con nadie, con la única persona que verdaderamente amaba, con el único hombre del que había estado realmente enamorada, con el alma, con la vida, con sus entrañas, el corazón a otro jamás le había entregado, si emociones, si sentimientos, pequeñas fracciones de amor que no se comparaban con lo que había sentido y sentía por Marion. Después de lo que pasó, no sabía si iba a volver a verlo o no, probablemente ya no, él estaba muy enojado y sabía lo que con eso pasaba, después de todo ella sabía que las cosas no volverían a ser como antes…
Capítulo 14:
No te vayas:
Angelique amaneció internada, no entendía que hacia allí y se encontró con Peling, quien la miraba y podía sentir un gran dejo de tristeza en su voz, al repetir solo su nombre, pero el verdadero; “Felici”.
-¿Qué?, ¿qué me paso?, dijo casi sin voz.
-¿No lo recuerdas?, le preguntó.
Pero ella ni siquiera pudo responder, solo pensó y se acordó del instante en el que todo sucedió. Comenzó a agarrar su cabeza y se tumbó al suelo, le salía espuma por la boca, la ardían sus costados y sentía su cuerpo no poder contenerse, sintió la fragilidad dentro de ella, en su ser, en sus entrañas, es como si hubiera perdido su fortaleza y todo le diera vueltas, el mundo ya no era el mismo, ni las cosas iguales, hacia tiempo, hacia mucho tiempo, un tiempo que la consumía en cada segundo del reloj. Y el segundero parecía cada vez avanzar más, con más fuerza, con toda su potencia, matando cada gota de luz, cada esencia del resquicio que de Felici quedaba. Sentía que se estaba perdiendo, que Felici se estaba desapareciendo, que Angelique tan solo era una máscara que se quería sacar, que robaba y mataba su esencia, sentía ahora que sus días estaban contados, que su suerte le había sido robada, que su mirada no era la de ella, que la quería recuperar, que sus ojos no reflejaban vida ya, que la única vez que se había sentido viva realmente había sido cuando Felici no era nadie más que ella misma, cuando era simple y sencillamente su persona, nada y nadie más. Que había desaparecido, como si su cuerpo se hubiera vuelto cenizas, como si se hubiera prendido fuego y no hubiera quedado nada, porque nada era como se veía y se sentía. Marion estaba allí, ella era como si todo lo pensaba, pero era como sino pudiera respirar, eso podía sentir ahora. En sus ojos volvió a ver a Felici por más que no los pudiera abrir, y solo le salió decir: “por favor, no te vayas”.
Capítulo 15:
El rostro que soy:

Felici abrió los ojos al ver que Marion era quien estaba allí con ella; lo que tenía era una embolía cerebral, escuchó como Peling se lo acababa de decir. Ella cada vez se ahogaba más en sus recuerdos, sentía sus faltas, sus errores, sus deslealtades, sus desdichas, sus pecados, sus errores, su materialidad, era como si se estuviera dejando morir, poco a poco sentía los latidos de su corazón acelerarse de a ratos muy fuerte. Cuando él estuvo a punto de irse ella le dijo: “recuerdo lo que me dijiste una de las últimas veces; que tenías mucho miedo de volver a tratarte mal por tus enojos, que cada vez que recuerdas lo mal que me habías descuidado te ponías muy mal, que no estabas estable emocionalmente, que hay días en los que me extrañabas y otros en los que pensabas que así estaba mucho mejor, mejorando cosas, mucho más que estando a tu lado, que no lo permitías sin darte cuenta, que querías que estuviera bien, y que tú también querías estarlo, que te mataba la duda de haberme descuidado tanto, que te era difícil despertarte sabiendo que eras el único responsable de todo lo que pasaba, que me pedías perdón por en ese momento no poder darme todo lo que antes sí, dijiste que habías dejado de darmelo por tonto, que esperabas que pudiera entenderte, aunque no tenía ninguna obligación”. Y Marion se quedó anonadado, casí se cayó de haber escuchado eso, fue corriendo con Peling, y él le dijo la verdad, que Angelique era Felici… Marion se quedó tapándose la boca, tendido en el suelo, sin poderselo creer, no pudo contar las lágrimas y la fue a ver, le rogó, le suplicó que no fuera cierto; ella sacó su anillo del bolsillo y ya no quedó ninguna duda. Él se abalanzó sobre ella, lloró profundamente y la abrazó con fuerza, las lágrimas salían como una intensidad imposible de creer; todo lo que él le dijo fue: “Te amo Felici, por favor quédate”. Pero el corazón de ella dejó de latir…

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