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Poesía - Sueños

En bondadoso sueño te miro, realidad frágil, disuelta en fantasía. no entiendo que es cierto y que es mentira! Desesperación y bruma, poca cordura. hechizo lamentable de razón, pensamiento  enterrado como aguijón. Sueños de esperanzas se desatan, incontenibles alas de anhelo  esperan emprender el vuelo Tu compañía me alivia la carga, es duro no saber cuando el sueño acaba. Te sueño, me sueñas… nos soñamos.

Historia Corta - Cuando el Sueño despertó

Cuando el Sueño despertó

Nota Editorial: Debido al tamaño de la obra esta se presentará en dos números, la segunda parte se encuentra en esta numero, la primera se encuentra en el número dos del año uno.
    
 V
Lucifer vs Miguel

·      La noche llego al paraíso, en su refugio, el mensajero hurgaba en sus pensamientos y recuerdos, algo tal vez podría hacerse y evitar así, toda una matanza.
Por lo visto, aquel último ataque, victimo a todas las otras energías del paraíso, ya no se escuchan los canticos que provenían de la fauna celestial. Este mundo ha sido silenciado, mis hermanos y los hermano de lucifer, ignoran tal hecho, marchan con prisa, buscando la confrontación, acusándose unos a otros.

·   Gabriel se encontraba en una pequeña plaza que era rodeada por un jardín, la fuerza de aquel designio del arquitecto, había destruido ya toda edificación y forma de vida, ahora los Ángeles se encontraban desprovistos de un paraíso celestial, y lo ignoraban. Los arboles estaban calcinados, el pasto estaba seco, las flores marchitas, solo se divisaba en el lienzo estelar, esa grieta y una luna pálida, completamente plateada. Por un pequeño instante, el antiguo mensajero del arquitecto, disfruto de ese pequeño instante de tranquilidad, en todo caso, el amanecer venía acompañado de un confrontamiento de proporciones bíblicas.

Repentinamente, de la nada, apareció una Polilla, su pecho era plateado, sus alas eran azules, volaba tranquilamente, entre las ramas de los árboles que a la luz de la luna, parecían ser de Obsidiana.

Tu significado, podría ser mucho más que algo trivial. 

·   Súbitamente, Gabriel se quedó inmóvil… como si se tratase de un ataque catatónico. A su mente llego una visión sobre la existencia y el destino;
tal vez, nada era imposible y todo designio podría no ser definitivo. 

Existes…. ¡así es!  (Repentinamente en la palma de su mano, la polilla descansó, Gabriel le miro y susurro.)  Aun existes, a pesar de la voluntad del creador y su mensajero de la destrucción, el destino decidió que tu existieras y sobrevivieras a los demás, para brindarle una noche más a la luna, quien se maravillase con su brillo y quien rindiera culto a la noche para que ella y las bellezas nocturnas, no pasaran desapercibidas. 

Gracias bella polilla, (Gabriel dejo volar nuevamente a la polilla que se dirigió directo al brillo plateado de la luna) eres una señal del destino y sus propios planes. Tal vez, la razón de mi existencia en estos momentos, tenga una razón más que la de ser testigo del castigo de mi creador. Así como el destino guardo una razón para ti, es posible que el destino tenga una encomienda para mí. 

·   El mensajero quiso permanecer despierto toda la noche, hasta que finalmente llego el amanecer del último día.  Lentamente un réquiem comenzó a resonar en todo el paraíso, la guerra estaba cerca, entre oraciones, Gabriel, nuevamente, después de muchos siglos, milenios y contra todo deseo, nuevamente él se revestía nuevamente con su ropaje de guerra. Cubrió todo su cuerpo con su armadura de Arcángel, una armadura de color cobre con relieves en bronce, plata y oro. Tenía en frente su misión, desenfundando su espada, arrojando lejos del el, la funda que la mantenía cautiva, coloco en su cabeza el antiguo casco de guerra que juro no usar en contra de otro de sus hermanos. Brillaba como el sol, una misión en su corazón brillaba por ser ejecutada y de igual forma estaba preparado para entregar el pago que debiera dar al destino a cambio de ver lograda su empresa.  Sin más preámbulos dejo aquel jardín, con un poderoso aleteo de sus alas magnánimas, emprendió el último viaje, la última cruzada, a partir de ese momento, ya no habría retorno, era un viajé con un solo boleto. Así como la vida de la polilla, se apagó cuando el sol emergió nuevamente, quedando inerte en el frio pasto de aquel jardín, tal vez Gabriel sucumbiría al anochecer, pero si lograba su empresa, aquel precio era justo a pagar, como hiciera la polilla al cumplir su misión y saldar su destino. 

·   Pronto el arcángel Gabriel escucho el retumbar de los tabores, la marcha de los soldados angelicales, y las trompetas de la guerra celestial. Los metales cantaban con estridencia, las alabanzas a un Dios renegado, aún seguían exclamando Gloria a su nombre. Entonces el arcángel ascendió y descendió con rapidez, buscando la escuadra de su hermano y brazo ejecutor de las voluntades en el cielo. A lo lejos divisó la guarda de Miguel, el portador de la espada de fuego, quien marchaba en frente de sus Ángeles y potestades más fieles. Frente de ellos no estaba un enemigo desconoció, marchaban para erradicar lo que ellos consideraban maligno para ellos. 

·   ¡¡¡Lucifer!!!

·   Querida Musa, que sea tu fuerza, el recuerdo de tu hermosa silueta, en la catedral, debajo del cáliz. Tu esencia vital perdura, ¿encontraremos perdón? Algún día, él, finalmente habrá de arroyar truenos, castigo, redención… ¿perdón? Podría ser capaz de otorgar el perdón, más sin embargo, su perdón aun es lejano, para los que han caído de su gracia. Gabriel desgastaba sus fuerzas al máximo, por llegar antes de que sus hermanos perecieran en la tentación de un combate sin sentido, programado para destruirlos y sufrir de una emboscada inesperada, tanto para los demonios como para ellos. Por su parte, los ejércitos de Lucifer, diezmados por los confrontamientos y el asedio del ente, marchaban nuevamente como hicieran en la época del mito, una vez más, aunque esta vez, no pretendían capturar al cielo, parecía que deseaban sobrevivir a la silenciosa masacre que  se cernía sobre todos. Lucifer sabía muy bien que no era una obra de otros Ángeles, que su presencia en el cielo, no se justificaba, aun así noches y días de discusiones y razonamientos fútiles, ocurrieron hasta ese mismo momento, en el que aseguro todo era una treta del Arquitecto para librarse de ellos. El antiguo mensajero necesito de un último aliento, para llegar al lugar en donde sería la última batalla del cielo.
Gabriel no era inocente, los ataques de aquel ente, los cuales  sobrevivió no fueron una simple coincidencia o designio del destino, ellos estaban dentro de él, solo que para el ente, resultaba complaciente el retrasar la muerte en su etéreo cuerpo.
tenía que ser preciso, rápido y demostrar a miguel y a los arcángeles sobrevivientes, que lucifer por primera vez, decía una verdad innegable y vivida. Súbita y repentinamente, Gabriel se quedó estático en el cielo, como si una flecha hubiera atravesado su corazón y fragmentado su rostro en mil pedazos.
por su parte, Lucifer lanzo una carcajada, tomando su viejo sombrero y arrojándolo muy lejos de él, quedando en un estandarte. 

¡Todo está acabado!  ¡El arquitecto está aquí! (Gabriel y Lucifer dijeron con diferente tono al mismo tiempo) 

Bien jugado, Hosanna, estando de su lado, todo lo que yo diga, será inútil, entonces nos obligas a pelear… y deseas verlo en persona, tu ilustrísima visión necesita verme caer con mis hermanos con el golpe final asestado en nuestros corazones. ¿Qué seguirá, una vez conseguida tu envidiable victoria? Estoy seguro que planeas algo más. (Con una sonrisa) Bien… trataremos de morir como vivimos y hacerlo a nuestra manera. 

·   Ahí estaba, con Miguel y Rafael, los dos últimos Arcángeles que bajo el velo de la ignorancia, seguían sirviendo con profunda lealtad y abnegación al todo magnánimo creador. ¿Qué era lo que quedaba para Gabriel? Aparecer frente a los dos arcángeles y acusar a su creador, sería lo mismo que convertirse en otro renegado como lucifer… ¿ir con lucifer? Sería una opción, aun así el tiempo ya se había acabado, los dos ejércitos, ya estaban frente a frente, y en el cielo se formaba el fruto de la vida, el primer poder, aguardaba al momento adecuado, tan concentrados estaban en cruzar mirada, tanto unos como otros, que ignoraban lo que ocurra sobre sus cabezas, solo el arquitecto miraba y complacido apreciaba la fuerza de su voluntad por dejar la creación y finalmente dejar en blanco el lienzo que permaneció pintado por eones de tiempo sin fin. Ahora deseaba ponerle un fin a esa continuidad. 

Estoy preparado para morir… pero, mi muerte tiene que llevar una gran razón, una causa justa, no por gloria, no por redención. Es la convicción que me queda, o de lo contrario, como un querubín, me convertiría en piedra, para dejar a mis hermanos morir en ignorancia. 

·   El cielo retumbo, las nubes se formaron, comenzó la lluvia, una lluvia gris, que manchaba los ropajes blancos, de aquellos santos y puros seres del cielo, Rafael y miguel hacían de guardia al arquitecto quien veía con tranquilidad como sus planes se consumaban, esa lluvia presagiadora de muerte, que opacaba los oscuros yelmos de Leviatán, Mammon, del gran emperador del infierno.

Ya no hay tiempo, es ahora o será jamás. (Gabriel extendió sus alas, descendió como flecha, evadiendo la mirada de todos, más sin embargo su creador no necesito verlo para saber que ahí estaba.) Lucifer deberá escucharme, dándole la razón, su ego será mi aliado por un instante. 

¿Gabriel?... (Con irónica sonrisa, exclamó el antiguo arcángel caído.)  ¿Qué te trae por aquí? Suponía hacía ya mucho tiempo, habías muerto a manos de esa abominación.
·   Gabriel fue directo al grano, el tiempo no apremiaba charlas, la que por cierto Lucifer disfrutaba mucho, haciendo galantería de su gran experiencia terrenal y su manipuladora forma de sobre llevar las cosas. 
Lucifer, no hay tiempo que perder, todo esto es una trampa. En el momen…
Lo se antiguo hermano, ambos sabemos, y somos los únicos que entendemos lo que ocurre, yo mire los ataques que sufriste, y sé que dentro de ti, la semilla de la muerte esta floreciendo. Tú eres un caso especial, ya en todos nosotros esa flor está creciendo, pero en tu caso, habrá de tardar mucho más. Debes de cumplir tu misión como mensajero, y llevar al limbo el mensaje de nuestro creador, finalmente él ha decidido retirarse del mando, pero no desea dejar a ningún sucesor. (Lucifer lanzo una carcajada que se escuchó hasta el otro lado del paraíso.) Veras, Gabriel, toda mi empresa, fue un rotundo fracasó. De haber sabido que  al final del día, nadie tendría el lugar de su ilustrísima, jamás hubiera dejado que mis ambiciones nos llevasen al infierno, de saber que nos encontraríamos en este futuro, preferible haber vivido una existencia en ignorancia y finalmente desaparecer como todos en la tierra. 

·   Algo, en las profundidades de su corazón, intentaba tener compasión. Gabriel, sin confundir y sin olvidar las afrentas  que Lucifer realizo durante toda la existencia y su complicidad en las acciones que el arquitecto de todo, estaba realizando. Aun así el mensajero, admiro la honestidad con la que lucifer expresaba y reconocía que sus acciones fueron equivocadas y guiadas por la ignorancia. Miro por un momento al Ángel caído, quien miraba al frente, con Leviatán y Belcebú a sus flancos, guiando con la poca dignidad que les quedaba a sus hordas infernales.
El enjambre estaba listo, solo debían de ver la señal y todo comenzaría. Lucifer miro por última vez al desvalido mensajero y revelo su epitafio y última voluntad. 

Veo mi final… es tiempo de escuchar al piano celestial y caer con mis hermanos. Tal vez tú puedas hacer la diferencia, finalmente tu eres el mensajero de Dios. Lleva nuestro mensaje, entrégalo a donde sea que tú termines, tal vez… solo tal vez, tú puedas hacer que él, pueda ver quien es en realidad. Gabriel… No entregues tu vida tan fácil, no hagas lo que estamos a punto de hacer. (Súbitamente Lucifer grito)
¡Hermanos! Es tiempo de librar la última de todas las batallas. El limbo nos espera. 

·   Todos los Ángeles caídos aullaron un último grito de guerra, los cornos y los tambores resonaron al unisonó con el fuego de las bestias infernales que gruñían de forma estridente.  Lo mismo hicieron los ángeles celestiales del paraíso, sus metales resonaron armoniosos, las alabanzas al arquitecto de escucharon, Rafael, Miguel, escoltaban al todo poderoso, quien no quitaba su mirada de Gabriel. 

¿Qué haces?… ¡Oh! Gabriel… Nuestro creador ha decidido algo que nadie puede revocar.  Tú no puedes cambiarlo. 

·   El enviado de la muerte, la creación impía del arquitecto celestial, entro en la mente de Gabriel, como si una sombra marchita le susurrase al oído, Gabriel sabía que a través de su ente, dios estaba hablando. Por lo que decidió volar a otro extremo del campo, descansando su agotado cuerpo sobre un pilar. Pronto Gabriel noto y su enemigo acérrimo estaba ahí, en frente de él, sobre el tejado de un templo. Permanecía de rodillas, sosteniendo su espada. Con su mirada a través de su máscara, el ente le hizo ver al cielo, la esfera ya no estaba. ¿Qué pasaba? 
·   Entonces el ente hablo. 

Esto, no es un plan de tu creador… que tus hermanos se destruyan, unos a otros, que experimenten la muerte celestial, que se encaren… al final yo los hare desaparecer. El arquitecto está molesto. Pero tu has sido persistente, como la enfermedad que tenía la tierra, duro miles de años, antes de poder ser erradicada por completo. (Con firmeza se puso de pie, blandió su espada y la dirigió al pecho de Gabriel.) Con esta espada del destino, te enviare directo a la inexistencia. 

·   Ambos ejércitos estaban a punto de chocar, Gabriel decidió luchar en contra del ente bendecido por su creador, para destruir lo más sagrado del universo.
la espada de Gabriel brillo como el mismo sol al ser desenfundada. Ligera, armoniosa, cantaba el cantico más suave de todos. Aquella era la espada del León. 
Veo que, portas la espada del León… has de saber que, el cordero, quien habría de regresar a la tierra como el León del apocalipsis, no logro cumplir esa profecía… yo tome su lugar y sin contemplaciones ni selecciones, desaparecí a todos por igual… Es lo mismo que ocurre en este, tu celestial hogar. 

·   ¿Algo habrían visto en él? El Metatron y lucifer, ambos antes de morir estuvieron muy cerca de él. Gabriel se preguntaba, ¿Cuál era la clave de lo que ellos querían decir?...  Entonces lo vio muy claro, de hecho fue simple. Tenía que probarlo y encarar lo que ellos habían encarado para obtener la última pieza del misterio de sus últimas palabras. 

Octavio… Luchemos. 

·   El ente no dio respuesta, ambos asestaron el golpe cataclismo al mismo tiempo del choque de las dos fuerzas que iniciaban su lucha, en su cuadriga, Lucifer miro a lo lejos, como Gabriel luchaba con el ente, una sonrisa de satisfacción emergió en su rostro.
Vaya, eres fuerte, Gabriel, ahora veo que ya estás listo… Nosotros también lo estamos.

·   Miguel fue directo a lucifer, nuevamente su lucha se repetía, solo que las circunstancia no estaban a favor de nadie. Un grito estridente se escuchó en el cielo, la lluvia comenzó a caer torrencial, el viento resoplaba con furia, una gran tormenta se hacía presente. 
¿Lo puedes ver? Miguel… a nuestros pies, tenemos sangre, somos sangre ahora, nuestros hermanos caen, desprovistos de la gracia divina. ¿Etéreos? Ya no más… 

Calla vil y lasciva serpiente embustera, sangre han de ser ustedes, profanadores, culpables de la caída del hombre, deja de lanzar injurias al nombre de su ilustrísima, temed ante su furia, temed ante el castigo de mi espada, que ahora nuestra lucha habrá de terminar. 

·   Lucifer sonrió con ironía, al mismo tiempo que su espada chocaba con la de Miguel, ambos con destreza se abrieron paso en un círculo entre los Ángeles y demonios, esa batalla, parecía definir el destino de ambos bandos. Tan férrea batalla captaba la atención de todos, ignorando la ausencia del Arquitecto, ignorando la batalla de Gabriel con el ente. Todas las piezas del rompecabezas ya estaban colocadas, ahora el tiempo de ejecutar el gran final, dependía de lo que hicieran tanto Gabriel como el ente al que llamó Octavio. 
·   Ambos, el mensajero de Dios y el Mensajero de la Muerte, luchaban con destreza, aun así las habilidades del ente eran superiores a las de Gabriel, quien no podía esquivar los golpes que lanzaba aquella entidad. En un redoble de espadas, un movimiento hábil, que rápidamente envolvió la empuñadura de la espada de Gabriel, sobrepaso su guardia y en su hombro el filo de aquella espada bruñida con el negro de la noche, se encajó directo en el hombro de Gabriel, quien lanzo un fuerte grito de dolor, aunque eso no le impidió reaccionar y asestar directo en el vientre del monstruoso hijo del arquitecto. Ambos quedaron entrelazados sobre todos los Ángeles y Demonios que seguían luchando con furia, dejando caer fila tras fila de ambos bandos en un mar de sangre que ignoraban existiera.  Octavio, sonrió con tranquilidad, su esencia no coexistía con la vida o la muerte, Gabriel entendió que ese ente no moriría, ni aceptaba el don de la vida. Con tranquilidad el Apócrifo levanto su brazo al cielo rasgado, los colores comenzaron a moverse y a arremolinarse entre sí, una sonrisa y del cielo celestial, Gabriel vio con asombro más de aquel, el primer poder. Flechas de fuego se abalanzaron sobre los campos que alguna vez fueron de bellezas exquisitas, sobre las catedrales celestiales, los aposentos de las potestades, haciendo flamas de los blancos plumajes de aquellos Ángeles que se consumían en el limbo, consumiendo en azufre a los demonios que regresaban a su estado angelical y en cenizas sus cuerpos comenzaban a marchitarse.
Un lamento gimió en el cielo, la morada del arquitecto estaba siendo destruida, y él permanecía tranquilo en una banca, acompañado por el aura celestial de su igual, aquella que desapareció y con su desaparición, la voluntad del arquitecto finalmente se agotó, para negarse a seguir siendo el símbolo universal de la piedad, la misericordia y la bondad. 

 ¡No lo hagas!... Octavio.
Puedo sonreír con tranquilidad, es la voluntad de tu padre, no la mía, la que actúa de esta forma. Gabriel… Serás testigo del milagro que he de regalar a estas fuerzas que nuestro creador ha querido desaparecer. 

Pobre hombre… puedo sentir lo que eres…

·   Lucifer, miro al cielo, miro a su alrededor… los hermanos que tenía, los hermanos que le quedaban, morían a su alrededor, experimentaba emociones que no redimían sus pecados y su traiciones. Ese era el momento para que el pagara por todo lo malo que había hecho y lo pagaba con creces. Miraba como era derrotado el mensajero de Dios, y que no podía encontrar la clave que necesitaba.
no había vuelta atrás, solo quedaba el ruido de la lluvia al estrellarse en las rocas del piso ensangrentado, solo quedaba el reflejo de sus rostros, mirada con mirada, el mensajero debía encontrar una forma de llevar el último mensaje de todos los que fueron creados y destruidos por su propio creador. 
·   El momento de morir había llegado, esa era la última penitencia para todos. 

Miguel, espero estés listo… 

·   Lucifer en un acto final, despojo a su pecho del pectoral que lo protegía, su casco de combate yacía lejos de él, y ahí permanecería por toda la eternidad, sería un mensaje olvidado, que dejaba testigo de su existencia finalizada, del mismo modo que las edificaciones de los seres humanos, quedaban como un último mensaje que nadie leería nunca.  Miguel solo miraba al que fuera su hermano, como su cuerpo pálido, su rostro marchitado con la oscuridad, tomaba un último aliento del sol que se habían congelado para ellos. El cielo crujía, al mismo tiempo que todo se consumía con fuego, y todos luchaban con furia. 

¿Listo para morir? Lucifer…
·   Lucifer sonrió con ironía, lanzo una carcajada que se escuchó en todo el universo, desprovisto de toda protección y fuerza, se lanzó directo a su oponente, quien también se abalanzo sobre la serpiente de la tentación. Ambos chocaron con fuerza, haciendo desquebrajar al piso, haciendo que las nubes se habrían en el cielo, barriendo a la lluvia, deteniendo la pelea por completo, el calor de la batalla ralentizo la vista de todos, incluso de los combatientes que desde las alturas miraban la escena, y grande la sorpresa para Miguel, grande el terror para los demonios, Gloria para los Ángeles, Ironía, redención, lastima para Gabriel. Sus ojos se cerraron al ver lo que ocurría. El cielo se partió en dos, un trueno. El corazón roto. Aves de rapiña cruzaron el cielo, chillando, dejando caer plumas de color plata, negro y dorado. 

¡Lucifer! … ¿?....

·   Grito Belcebú quien voló directo a donde estaba su príncipe, su guía y su líder en lo celestial y en lo infernal. Rafael también voló con violencia tras Belcebú, todos en el campo de batalla palidecían, la espada de Miguel había atravesado el pecho de Lucifer, quien permanecía inmóvil, inerte. Su corazón arrancado de un solo golpe con el filo mortal de la espada de Miguel, flameaba como el mismo sol, consumiendo la vida del Príncipe de las tinieblas… Lucifer había muerto. Asombrado Miguel dijo…

¿Qué?... Cuál es el truco, vil embustero del infierno…

·   Un nuevo trueno estallo en el firmamento, Belcebú dejo que su espada cruzara la distancia y perforase a ambos combatientes, esta vez el pecho de Miguel fue atravesado al mismo tiempo que el occiso lucifer, quien tenía una sonrisa cálida, como si sus pecados hubiesen sido pagados.  Un grito ensordecedor formo un tumultuó en el infinito, la espada de fuego se había apagado, ya que Miguel había matado a espada y por espada debía morir. Belcebú giro rápido, Rafael atravesó con furia su pecho, destrozando su armadura infernal, aunque no con la misma habilidad de miguel, ya que su golpe no causó la muerte inmediata en Belcebú, quien de su muñequera dejo espada la sica* que siempre llevaría, y con ella corto el cuello del Arcángel que en fuerte abrazo de muerte quedaría unido al desfalleciente y leal súbdito de Lucifer. Los cuatro formaban una terrorífica escultura de muerte y desolación. Nadie se movía, los demás arcángeles, las potestades infernales, ¿Cuál era el veredicto ante semejante resultado?

¡Octavio!... ¡¡¡No lo hagas!!!

·   El ente ignoro a Gabriel, quien había leído en los ojos de su oponente, la hora de ejecutar su designio. Era momento de enviar el mensaje del arquitecto y en el momento de máxima conmoción, asestar el final de todo. En la herida hecha en el hombro de Gabriel por la espada del Emisario impío, se comenzó a formar un mal de oscuridad, que comenzaba a consumir el cuerpo de Gabriel. El brazo izquierdo del emisario, con firmeza se extendió con su mano completamente erguida, apuntando directo todos los guerreros infernales y celestiales. Gabriel grito muy fuerte, esperando ser escuchado por sus hermanos, pero el tiempo parecía que se congelaba, un ensordecedor cantico celestial que provenía del aura del emisario, devoro cualquier intento de prevención. 

Resuena en el infinito… El llanto de tu alma,  ¡Oh! Bella musa. ¿Por qué llorar? Si la existencia, la vida… Son cosas, sentimientos, instantes sobrevalorados.  Deja y sea esta, la forma final de la redención verdadera. Deja que la noche devoré al sol que dejaste que se convirtiera en Oscuridad, deja que la noche devoré al ocaso que permanece estático.
Deja que la noche consuma tu esencia pura. 

Octavio… Tú eres… ¡Oh! Emisario del fin. 

Maravíllate con el don de tu creador… Mensajero.
¡Desaparezcan! Impurezas del Cielo, Impurezas del Infierno. El fruto de la vida, los reclama, marchitar sus fuerzas, su luz, sean devorados por el designio impugnable de su creador. 

·   Los Ángeles y demonios finalmente lo vieron, vieron al ente que Lucifer habían dicho y existía, miraban sobre sus cabezas a una fuerza que estaba fuera de su comprensión.  Pero ya era demasiado tarde, les regalo una sonrisa, un destelló de su palma, y justo en donde estaban los cuatro Arcángeles, el fruto de la vida se materializo en una esfera roja con mil y un millón de formas geométricas, símbolos, nombres, y destellos que rápidamente se aceleraron entre sí, desintegrando los cuerpos inertes de Miguel, Belcebú, lucifer y Rafael. 

·   Inútilmente los desvalidos hijos de Dios, intentaron huir, pero la fuerza que los rodeaba era inmensa, que estáticos permanecieron ante la fuerza del enviado que suministraba la voluntad de un creador que deseaba destruir su creación más perfecta e imperfecta. Gabriel miro desde las alturas como todos desaparecían en un abrir y cerrar de ojos. La gigantesca esfera, creció y creció sin saciedad, era un monstruo que devoraba sin control todo rastro de vida en el paraíso, hasta que finalmente alcanzo su máximo poder y en trillones de micro esferas se convirtió, al mismo tiempo que desaparecían entre lamentos, rezos y sollozos que al infinito se perdieron… después de un rato, la lluvia regreso.

Ahora estamos solos… nos queda esto, Gabriel… nos queda la tristeza, la lluvia, te quedas con esto para ti, el saber que no lograste cambiar nada. Porque un deseo tan grande has tenido, y ese deseo superaba tus habilidades, superaba lo que tenías designado por hacer.
Esa fue la razón por la cual, nuestro creador, desapareció a la raza que vivía en la tierra. Aspiraron a ser más que su creador. Tú aspiraste en superar lo que tenía asignado para ti. No sientas remordimiento, no les has fallado a tus hermanos. Aunque su existencia no va a terminar en otro plano… tu formaras parte, muy pronto de esa inexistencia total. 

·   Gabriel levanto su cabeza, mirando al ente. Ambos seguían unidos por el filo de sus espadas. 

Emisario de su ilustrísima, veo que a través de tu espada, puede sentir lo que siento ahora mismo. ¿Pero, sabes?... la espada, el regalo que me hiciera el hijo de nuestro creador, también me dice lo que tú tienes dentro. Y no… (El ente giro con sorpresa para encarar al Mensajero)  Ahora veo lo que Metatron y lucifer querían decirme, sus muertes no fueron obra tuya, ellos decidieron morir con su cuenta, así como se habían condenado con sus decisiones, decidieron terminar con sus vidas, ya que es muy grande su orgullo, y aunque ya no existan en ningún plano, ellos saben que tú no cumpliste tu voluntad en ellos. 

·   Finalmente ambos se separaron de su atadura mortal. La herida de Gabriel se intensificaba más y más, brotando de ella, una oscura peste que parecía convertirlo en una especie de cristal oscuro. 

Octavio… ¿Aun recuerdas que, ese era tu nombre? … ¿tienes conciencia de tu humanidad? Ambos, en este momento somos iguales. Una dualidad que se relaciona por dos cosas. La primera. Ambos somos los últimos, el último hombre, el último Ángel, la última alma de la creación, la última luz celestial. Aunque nuestro creador, te bendijera con una de las más grandes maldiciones. Y es la de ser el brazo ejecutor de su voluntad apocalíptica para llevar a cuestas la muerte de todos en la tierra y  de todo el sagrado Dogma. Pero, a pesar de ser el emisario portador del primer poder llamado el fruto de la vida, aun así, sigues siendo un ser humano, descendiente de Adán y Eva. 
·   El ente permanecía inmóvil, con su vientre sangrante, sin quitar la mirada al Desfalleciente Gabriel, quien miraba sus últimos momentos. Aun así Gabriel prosiguió con su reflexión.
Tu vida se resume en fracciones. Designado a tener grandes victorias, un gran amor, lo que el hombre buscaba, tú lo tenías. Se había designado una vida plena para ti. Pero… no era el destino, ni el control de tu libre albedrio, quien dictaría la sentencia de privarte de todo el éxito que poseías como un mortal, debías de enfrentar la desgracia, la desdicha, y no porque tu creador te pusiera una prueba de lealtad, ni por que el Ángel acusador quisiera probar que alguien bendecido podría renegar de su benefactor. Esa época termino para todos, debías de entregarte a la oscuridad, se te sometió privándote de todo y arrebatando vidas de tu lado. Enfermar, ver a la muerte y el ocaso, reclamar a Dios por una respuesta plausible… Porque tú también soñaste con algo más… con algo que superaba tu poder y tu voluntad.






Si aún tienes la habilidad de pensar, comprenderás que, fue muy fácil para dios, convencerte. En proporción, Nuestro creador, necesito de un gran tumultuó para hacer que lucifer cambiara su forma de pensar, necesito del exterminio para que mis hermanos silenciaran sus rezos y necesito de ponerme en frente de todo tu camino y del camino de todos en el universo, para hacerme ver mis culpas, pero aun así, para no claudicar en mi empeño por hacerte ver la verdad. Y es esta… ustedes se convirtieron en algo tan insignificante para su creador, que necesito de quitarte prácticamente nada, algo tan microscópico en toda l creación, para renegar de tu existencia, de la existencia de todos en tu mundo y de renegar de la existencia celestial. En esta parte, es muy posible, y dependerá de tu corazón, si es que, después de que me destruyas, puedas tú mismo hacer que, esta sea la segunda razón por la que podemos ser iguales. Mira en tus actos, y deja que tu mirada cambie de dirección. 

·   El ente palidecía con las palabras de Gabriel… en las alturas del paraíso, los brazos del magnánimo emisario, se extendieron en dirección de Gabriel. A su vez, Gabriel cerró sus ojos con la satisfacción de haber cumplido la misión encargada por sus hermanos y rivales. El mensaje estaba entregado, la memoria de aquellos pecadores, de aquellos que soñaron con algo que no era posible, quedaba impresa en la conciencia de un ser completamente renegado, quedaba en lo profundo de su fatuo corazón, el mensaje y la redención que se transmitía en la ley sagrada de todos los destinos violentos. “Matar a espada, conlleva la suerte de morir a espada”
Gabriel levanto su mirada al cielo, aquel cielo rasgado. Su mirada quedo maravillada con la escena, lejos de aquel remolino rasgado, la belleza del infinito podía verse, lejos del brillo de un sol que se tornaba negro y de su corona dorada, el mensajero de Dios, expiaba el último instante, dejando que su esencia volara a lo más profundo del infinito universo que rodeaba los reinos celestiales, los infiernos y las promesas olvidadas de aquel mundo que ahora servía de morada celestial. 

·   El rostro de Gabriel se cubrió con el oscuro brillo de la transmutación, para luego fragmentarse en millones de partes que al viento se desvanecieron, susurrando un último réquiem, el último Arcángel celestial, había desaparecido de la faz. 

Finalmente, la lluvia se detuvo, aunque el cielo permanecía gris, retumbando con los truenos, ligeras gotas de lluvia se escurrían en la máscara de aquel ente que en un pasado lejano se llamó Octavio. 

Soy, ¿Humano?... una sombra de un señor que ha decidido ya no ser, más un Dios.
La noche llega nuevamente a este mundo, llega nuevamente al mundo que, dicho por Gabriel, fuera mi hogar… ¿Humano?...
Son estas… ¿las garras de un engaño?  Si yo solo soy muerte, y solamente me recuerdo de esa forma, no siento dolor, no siento amor, el remordimiento no existe en mi conciencia, porque he sido creado por el Arquitecto celestial, y bendecida fue mí, ¡su cruzada por liberarse de la carga que destinado a llevar, tendría que cumplir eternamente!. 

·      Segundos que se volvieron eternos. La duda ha sido un arma poderosa en los momentos más importantes. En la mente del emisario, cruzaron las incógnitas sobre su esencia. Se preguntó si tenía un nombre, toda la creación poseía un nombre propio, ahora, cuando el fulgor había terminado, cuando la misión estaba finalizada. Llego algo a la mente del emisario. No tenía nombre, no tenía rango, su fuerza era lo único que poseía. ¿Por qué no tener un nombre? ¿Por qué preocuparse de eso? ¿tenía razón, aquel arcángel que había desaparecido?
Entonces… soy… Octavio. ¿Quién es Octavio. Gabriel miro en mi interior, del mismo modo que yo vi en su interior, en el encontré paz, luz, una razón para seguir con vida. Y es posible que su objetivo fuese realizado. Porque ahora yo estoy aquí, en el pabellón celestial y me pregunto a mí mismo. ¿Quién soy? Sobrevivir. Es igualmente inútil, si se ha perdido la batalla, lo mismo como ganarla y en ella encontrar la muerte. 

·   Un halo de luz cruzo por la mente de Octavio, dejando caer al vació su espada, tomo con ambas manos, la máscara que cubría su rostro, un suspiro broto de ella, su chapa perlada, era como un oscuro vació que brillaba con los destellos emanados por los truenos. Con gran asombro, el enviado celestial miro en el reflejo que se formaba, y como si fuese un espejo, en ella se dibujaron las facciones de su rostro. Entonces lo pudo entender. Eso era lo que veían los que morían por su puño, veían el rostro de un humano, miraban como la última creación de Dios, finalizaba su existencia. 
·   Entonces finalmente recordó quien era. Él no era una creación divina, era un mortal, que se entregó presa del engaño, presa de la desesperación, del odio y de la ambición. Recordó su vida como mortal, entonces el sol dejo de ser negro en su memoria, la humedad en sus pies no era una ilusión, era el mar. Aquellos dados que dieron vuelta, significaban su destino, dejar ir de su lado a un amor, un amor que fue arrebatado por los deseos de un ser supremo que finalmente renegaba de su poder y que deseaba profanar su creación, sin ser el, el responsable de cargar con esa tarea. Octavio comprendió que la mano de su creador, había encaminado toda su vida a la desgracia, a poseer y a perder en mayor medida. Lo demás dependió de su propia voluntad. Recordó como un accidente marco todo. Pudo escuchar el sonido de los aparatos médicos, como su cuerpo moría lentamente y cómo fue que acepto volverse el apocalipsis encarnado. La diferencia era en que a Dios no le causaba furia, dolor o tristeza, ver como todo lo que amo, era destruido. 

Durante todo este tiempo… (Al mismo tiempo que se ponía nuevamente su máscara y de las profundidades, nuevamente su espada regresaba a sus manos.) ¡No! En aquel momento, cuando fui tocado con tu voluntad y nuestro acuerdo mutuo. Creí, que podría devolverte un poco de todo el dolor que me hiciste. Ahora piensas que eso no va a pasar. Lo habías planeado bien. Solo que hay algo que no calculaste. Ahora estamos los dos solos, y antes de morir, para dejarte el camino libre…

VI
OCTAVIO
·   Octavio extendió sus brazos, mirando al cielo que dejaba atrás, las grandes puertas del palacio celestial finalmente se habían cerrado, y como un bólido su cuerpo comenzó a caer, precipitándose a las lejanías y oscuras llanuras de la nada. Un espacio entre el cielo y la tierra, entre el infierno y el paraíso, aquel camino invisible que a momento desaparecía. No existían más humanos, no volarían más las almas, los arcángeles ya no prestarían guardia. Solo quedaba la oscuridad, el crujir del cielo, lluvia que apaciguaba el silencio eterno de aquel espacio abandonado.
Como una flecha su pesada aura se impactó en el suelo. Una vez más, se encontraba en la tierra. Ahora todo había cambiado, el cielo era azul, las flores rodeaban todo, los arboles habían regresado a la tierra, armoniosas aves cantoras, endulzaban con su canto. Lo que había sido arrebatado por miles de años, era recobrado. Aunque el precio fue alto. Para Octavio significaba algo. 

Algo cambio en ti… Mi emisario de la noche. Mirad, por un momento, que esta, es mi nueva obra. 

·   Detrás del arquitecto, una nueva creación. Dos pequeños niños. Octavio, asombrado se puso de rodillas, debía hacer reverencia y esperar. 

Ellos. Los hijos de Tiamat, habrán de gozar de esta, la nueva creación. (El arquitecto dio tres pasos, toco el hombro de Octavio y dijo) Ambos sabemos que esto debía de ser así… sabes muy bien que este mundo ya no forma parte de tu existencia y que, está la creación de Tiamat, no puede convivir contigo. Sé que no lo entiendes, porque solo conoces la destrucción. 

·   Octavio salió despedido por los aires, impulsado por una fuerza poderosa, esa era la fuerza de un Dios decidido a comenzar de nuevo.  La fuerza del golpe abrió el pecho, de Octavio, quien se estrelló justo en la base de la estatua de Tiamat, quedando gravemente lastimado…

Ahora ve tu castigo. El castigo del Génesis. 
·   El cielo y la tierra se abrieron al compás de un gran lamento divino. Todo se destruyó alrededor de Octavio, quien a causa del shock, solo pudo mirar como la tierra devoraba las grandes ciudades del mundo quedando en su lugar solo verdes praderas y grandes llanos, vio con terror, con un terror que nunca sintió, como las almas recolectadas por el fruto de la vida, eran llevadas al foso del limbo en un gran torrente negro, que a lo alto del cielo se habría paso y sin piedad engullendo esencias, las del hombre, las del infierno, las del cielo. Aquel suplicio aun no terminaba para nadie, parecía comenzar al mismo tiempo que las puertas del limbo  se cerraban devorando eternamente a toda la creación del infinito. Con el tumultuó se había formado una bruma sepulcral que se disipaba con los gritos que uno a uno se apagaban, ahogándose en la nada, los ojos de Octavio se abrieron asombrados por lo que seguía.
¿Ahora lo puedes ver? No solo es el mundo, es todo el universo, ahora rinde culto a su creador, y el mundo es el centro del universo, mira como los planetas hacen honor al nuevo mundo que he decidido crear. Mira como todos los planetas se han acercado a él, ahora el universo es divino, es perfecto, ahora este será el hogar de mis nuevas creaciones y mis nuevos Ángeles,…
·   Octavio miro al cielo, experimentando una sensación olvidada,  lentamente con terror en sus ojos al ver como de la espesa bruma que era dispersada por un Sol dorado, de esa bruma, que se abría como una puerta divina, un nuevo cosmos se mostraba omnipotente al mundo que lo gobernaría bajo el brazo de su creador. Marte, Venus, Neptuno al igual que todos los demás planetas cubrían al cielo, en una gran aurora, de colores fluorescentes y destellos morados… Un cálido manantial del cielo derramo lentamente una cascada dorada que descendía a la tierra, y de entre esa cascada, las  semillas del nuevo árbol de la vida descendieron. En los ojos del emisario se observó cómo lentamente en el horizonte crecía un árbol plateado de pétalos dorados y frutos carmesí. Su mente pudo pensar en un nuevo comienzo, pero rápido se concentró en la razón por la que aún seguía con vida. Pensó en las vidas arrebatadas, en el alma de la mujer que él había amado. ¿qué paso con ella? Su recuerdo llego muy tarde, y lágrimas del ente brotaron.
·   Repentinamente todo se volvió confuso. Acaso todo sería como se decía en las profecías, en las esperanzas de un valle prometido, nuevas almas, nuevos tiempos… ¿?... Tiamat, cruzaba en la mente de Octavio, quien pesadamente lograba moverse, aun sentía la fuerza del primer poder en su interior. Miraba en el árbol de la vida, como crecía, miraba como los dos niños permanecían de rodillas ante él y le confiaban sus rezos.  Miro en la estatua de Tiamat, esta lloraba, pero su semblante parecía sonreír. Era una dualidad, tristeza por lo perdido, felicidad por lo recuperado. En su interior, creció una idea, para Octavio fue claro, Tiamat era la creadora de la tierra. Dios le otorgó el árbol de la vida, con el creaba una nueva raza de sirvientes, fieles, conectados con la tierra, eran esos dos niños, los hijos de Tiamat, ahora ella creaba vida. Dios seria el arquitecto que guiaría a esa raza, para adorarles y servirles con total devoción.
Octavio, debió de hacer un esfuerzo supremo por alejarse de aquel parque en donde la figura de Tiamat reposaba inerte. En el cielo se formó una esfera de color negro azabache. Un zumbido seguido de un resplandor intermitente, emergió de la esfera que en una fracción de segundo se convertiría en una Cruz. Como una flecha, la cruz se impactó en el centro de aquel parque, destruyendo la estatua que habría sido el último monumento de la humanidad. 
¿Ves a aquellas dos manzanas? Ellas son el futuro de este mundo, ahora yo he terminado, tu pronto desaparecerás, y tu rastro será borrado de este y el otro mundo. 
·   Una figura estilizada apareció a un costado del Arquitecto celestial, era un nuevo Ángel, distinto en todo a los que Octavio enfrento y destruyo. Realizó una reverencia a su creador. Al terminar su reverencia el aura angelical desapareció, la bruma por el impacto se disipo, y como espuma que subió a las profundidades del cielo plateado, las ideas corrieron en la mente de Octavio quien ahora solo era un estorbo más al esfuerzo del Arquitecto por recuperar su mundo. Los pensamientos del emisario de la destrucción, se disiparon de entre las nubes de muerte que se abrieron paso a un mundo, del cual Octavio, la humanidad, los Ángeles y demonios, habían quedado de lado. Al contemplar aquel monumento de negro semblante que tenía la cruz, su horror fue grande, tan grande que un vórtice cubrió de sus ojos las lágrimas.
¿Qué era lo que quedaba por hacer?, ya era tarde le decía su razón, fue como si en la cruz, el recuerdo de su amada hubiese muerto. Sin vida, como si el recuerdo de sus bellos ojos hubiesen sido arrebatados y no le volverían a ver jamás, como si el calor de su piel se hubiera extinguido sobre la superficie de aquel negro y frío metal de la gran cruz que transmitía desolación y muerte, un desdichado humano miro para sí mismo. Lloró con tanto esfuerzo, con  nostalgia que la cruz comenzó a llorar sangre. Un gran estruendo llamo la atención de Octavio, quien esperaba una oportunidad de vengarse, y así seria, su rostro se cubriría de luz y sed de sangre. Cuando por fin el fruto logro madurar, un nuevo Génesis, el nuevo orden, creado por Dios, una nueva raza extraña de seres que solo tenían un pensamiento: servir a Tiamat y a su creador. Serian ellos los nuevos seres de la creación, la versión de su representación más cruda. Ambos dejaron ir una mirada sin piedad al ente que desfallecía por la herida de Gabriel y de la fuerza magnánima que su cómplice en el momento de traición asesto. Ignorándolo, ambos seres que irradiaban frialdad, corrieron detrás del árbol sagrado para así fusionarse y diseminar la semilla del nuevo orden. Mientras ellos corrían, Octavio les miro con repudio, con odio. Recordó en su memoria todo, a la humanidad, al dulce mar que le recibió, recordó la dulce voz de su amada, a todas aquellas personas que elimino sin piedad, al Metatron y a los querubines que Gabriel trato de proteger, en ese momento y al tener ese pensamiento recordó nuevamente a  Gabriel…

Gabriel…¡¡¡GABRIEL!!! Ahora te comprendo… 

·   Su cuerpo fue cubierto por un rayo dorado, el cual comenzó a desmembrase, miro a las alturas y supo que Dios estaba intercediendo para evitar lo que el ente quería hacer. Lo único que sabía hacer, lo único que podía hacer en su condición, en esa condición que el mismo Arquitecto le había dado y que ahora parecía, arrepentirse de ya no ser más un Dios. 
y eso era… ¡Matar!

 ¡¡¡MATAR!!!
 ¡¡¡No señor!!! Ahora tu caerás, mía es la venganza… 
·      De su cuerpo se derramo la sangre, sus lágrimas. En un intento desquiciado por eliminar  la conexión de Dios con el mundo. Así mismo, la Cruz derramo una lágrima de pureza, significado de la pureza que alguna vez, existió en el universo. Esa, sería una razón, el nuevo Cielo  abrió los portales del mundo divino. Dios directamente ascendió al reencuentro de su nuevo orden. Millones de nuevos Ángeles, arcángeles, potestades y las órdenes sagradas de aquel nuevo cielo, vitoreaban  al renacido Arquitecto celestial. mientras los dos pequeños seres corrían despreocupados, a fin de cuentas su padre ya venía en camino del reencuentro celestial. Por su parte un suspiro en el alma del renegado emisario de la destrucción, quiso llamar la atención del creador.  Con un gran lamento, que se convirtió en el grito de guerra universal. Aquel fue el grito que las almas, Ángeles y demonios no pudieron dar, en su momento, ahora la memoria de aquellos que perecieron por un deseo celestial, se encarnaron en los puños, en la fuerza y en el último instante de vida que poseía Octavio. En su mente, nuevamente todo volvió a pasar, la primera vez que logro ver al mar, el ocaso,  el canto de las gaviotas, cuando conoció las etapas del hombre, las maravillas y crueldades de su mente, aquella primera sonrisa, sus lágrimas, su belleza, todo cruzo en su mente, y se detuvo en el momento que los dos fueron uno…
·   La oscuridad se volvió un haz de luz carmesí, y disparado como un rayo, fue directo a los dos pequeños seres que habían sido creados sobre las cenizas de los ángeles, sobre la sangre de los humanos y el fuego de los demonios. Con cada paso que daban, parecía que alcanzaban la madures y la joven adolecente repentinamente soltó la mano de aquel joven desnudo, dando unos pasos hacia atrás, haciendo que el joven no pudiera  escapar de Octavio, quien apareció como una sombra en el camino de los dos jóvenes. Como impactado por una flecha el pecho de aquel joven ente desprovisto de emociones y compasión se cubrió de rojo, un rojo que a su alma congelo, con la furia de su último aliento, Octavio perfilo su mano desnuda y con ella atravesó el pecho de aquel ser, quien dejara salir de su garganta un fuerte alarido, al verse despojado de su corazón que salía con por su espalda sujetado por el puño del enviado de la noche, a su vez quien no abrió los ojos. Con frialdad saco su mano del cuerpo inerte que se desplomo como una roca en el pasto, con la mirada al cielo y la boca abierta, se convertía en una escena repugnante, puesto que estos seres, no expresaban emoción alguna. Todo ocurría en fracción de segundo, un mal movimiento del arquitecto, causo la caída de su progenie directa. Al igual que Octavio Dios llegaba a reaccionar tarde, el carruaje que lo llevaba a su nuevo paraíso se detuvo bruscamente, haciendo relinchar a sus corceles. Doce caballos blancos como la nieve de ojos carmesíes miraban con agudeza al ente que destrozaba en frete de su señor al nuevo Adán…
Con una aparente calma Dios todo poderoso y magnánimo descendió de su carruaje, con su mirada los caballos bajaron sus cabezas, y la pequeña Eva corrió detrás de él, quien se arrodillo, ignorando al ente que los miraba con fuego en sus ojos y una sonrisa mortal, el universo se detuvo al rose de la mano de Dios en el fino y pálido rostro de la joven Eva, quien miro al ente con desprecio y con un gesto de burla, pues ella creía estar en manos de la justicia y el poder absoluto… Un ente emergió de la nada, era el mismo Arcángel de mirada afilada, piel como la leche, frente amplia, ojos plateados y una armadura hecha con rayos del sol, su brazo izquierdo se levantó al cielo y de él, todos Ángeles descendieron a las grandes llanuras del nuevo mundo, pronto llegarían y darían muerte al ente que asesino al hijo de Dios, pronto todos exclamarían maldiciones al ente que los miro por unos segundo y con su mirada les rechazo, algunos Ángeles se taparían la boca la verlo hacer eso, como si fuese el mismo Arquitecto, quien los despreciaba, un ente maligno creían ellos, pero él sabía que eso era hipócrita, puesto que ellos ignoraba que por voluntad de Dios fue creado, creado para ese momento, el que ellos desconocían, pero que tal vez, solo tal vez, en miles o millones de años, ellos enfrentarían sin saber las razones del ¿Por qué?…
¡¡¡No lograran su deseo!!! Todos vamos a morir en este preciso momento…
- Empuñando su espada, la cual levanto al cielo que se abría paso sobre él, dejando a los planetas al descubierto y a las estrellas obligándolas a apagarse  por completo ante la fuerza que no podría controlar ni el mismo Arquitecto del universo y al aire presento el instrumento que purificaría al mundo, purificaría el alma de la tierra librándola de todo ser viviente, fuese terrenal o divino, y el mañana ya no existirá para nadie…
Apunto su espada directamente sobre la joven mujer, señalando al pecho de ella, quien lo noto, mirándole con repudio, su boca se abrió  exclamando gemidos y gritos de repudio que dios pronto interpretaría como una señal de peligro, al notarlo el ente pronto se abalanzaría en contra de los dos númenes, como un choque de titanes, eran dos planetas en colisión, ambos eran, el fin de las eras, un final que los mismos Ángeles que descendían observarían desde las alturas, detendrían su bajada del cielo para gritar al cielo  por la destrucción de aquel animal salvaje…
Este ha sido el plan, desde el principio, algo que tú no podrías entender. Aunque conserves la fuerza de toda tu especie, el mensaje de mis antiguos hijos, nada de eso puede cambiar el destino que les depara. Octavio, no puedes entenderlo. Aquel al que has matado, renacerá de sus cenizas. En él, habrá de existir siempre la flama de mi voluntad.
·   Entonces para Octavio la última pieza de su juego, estaba puesta y lista para ser cambiada de senda. Aquella, la joven detrás del omnipresente, no era otra que aquella… Tiamat. Ambos pretendían renacer en un mundo terrenal y ser ellos, como debieron ser al principio, quienes hicieran de sus hijos los habitantes de la tierra.
por eso el arquitecto deseaba siempre la destrucción del humano, para renacer en una forma humana, pero con su divinidad encarnada, de una forma directa. 

Tú no entiendes algo… Ella es mi víctima, tú me creaste sobre mi propia raza, era justo para ti que alguien de su propia estirpe destruyera toda vida que existiera en estas tierras, de igual forma humillar a tus hijos, los ángeles, dando una lección a los demonios, ambos bandos luchando por el favor de la devoción de mi mundo y que fuese ese mundo, por el que lucharon, quien los destruyera en su propio mundo. ¡Oh! Dios, tu no lo puedes entender, si tu propósito fuese justo, fuese puro, nadie podría cuestionar los actos que hicimos como humanos, que hicieron como ángeles, tus actos sobre los demonios, encausando una construcción fallida desde sus inicios. Estabas tan orgulloso de tu creación, que, fue un fracaso, lo sabias y aun así… ¡No! No dejaste, provocaste a la serpiente, influenciando que los hermanos se mataran, que los padres se odiaran, que las mujeres llorasen. Dejaste que todo te obligase a crearme y al destruirme, me convertiste en tu esclavo, en tu razón y tu justificación. Ahora pretendes crear todo de nuevo y ser tu quien goce de todo lo que ha creado. 
·   El arquitecto se dio cuenta del grave error cometido, rápidamente emergería como la fuerza divina del cosmos, obligado a desenfundar su espada, una espada que brillo al salir de su funda, dejaba de ser un dios creador y se convertía en un dios destructor con la espada de la vida. Octavio sonrió, apuntando directo al corazón de la joven Tiamat. Solo eran unas milésimas de segundo, el estruendo fue caótico,  luminoso, el cielo se partió en dos, fue grandioso, los ángeles no soportaron el brillo emanado por el golpe de aquellas fuerzas colosales dejando un aura en la tierra, un rayo que salía disparado al centro del universo, una fuerza que tiraría de las alas de los ángeles empujándolos de regreso a cielo… cuando todo se disipo, y todos pudieron ver las alturas, entre el cielo y la tierra, contemplaban finalmente el resultado, los sirvientes del Arquitecto dieron un gran grito de terror, un grito de lamentaciones y odio…
El arquitecto atravesó el cuerpo del ente, los ojos de Octavio permanecían cerrados, pero en su rostro una sonrisa de marco… El supremo no pudo entender por qué los Ángeles gritaban y se aterrorizaban. Repentinamente y para sorpresa del Divino, Octavio sujeto el borde de la espada y con fuerza la saco de su cuerpo, aquel Dios estaba sorprendido, aun así, una gran bocanada de sangre salió de la boca del emisario quien diera algunos paso hacia atrás, pero los Ángeles seguían aterrorizados.
Se acabó… Ya he terminado en este mundo. Puesto que pronto, todos vamos y estaremos juntos en la nada
·   Octavio miro al cielo, que se detuvo en un crujir extraño.  Luego bajo su mirada encarando al arquitecto, quien miraba fijamente al ente. Octavio sonrió y esto hizo provocando una pregunta en un arquitecto celestial que se turbaba 
 ¿Qué es divertido?
Cuando me creaste, deseabas un mundo puro. Por ello me concedías el don de acabar con tu creación… Bueno,  ahora lo tienes, podrás derramar tus lágrimas, al ver que finalmente dejas de ser aquel dios de amor, compasión y de una total, angustiosa y disciplinada paciencia. 
¿A qué te refieres?
Aun no te has percatado. Alguien tan insignificante, indigno de tu creación, no debería
ser más rápido que tú… es verdad, cuando se está más cerca de la verdad, menos se puede ver. 
·      Dios miro a sus nuevos Ángeles y potestades, ellos señalaban, no a su creados, señalaban a un costado de él, entonces para dios el tiempo se detuvo, con una mirada helada, miro a su costado y… 
¡NO!...
·   Con el correr de las gotas de sangre, ahí estaba la esencia de Tiamat, completamente inmóvil, mirando al arquitecto, su expresión inaudible, desencajada, solo podía anunciar algo. El numen dio algunos pasos hacia Tiamat, al mismo tiempo que Octavio caía de rodillas sujetándose en su espada, él miraba con atención lo que pasaba, lo que secretamente había hecho.
Dios tocó el hombro de la joven inmóvil, repentinamente su cabeza se desprendió del cuerpo que se convertía en cenizas. Repentinamente la tierra se sacudió, el cielo se partía en dos, y los ángeles petrificados por el terror se volvían polvo rápidamente. Rápidamente la divinidad fijó su mirada con furia a un mortal que moría con una sonrisa en su rostro. Ambos sabían que entre ellos se habían arrebatado todo cuanto amaron y protegieron. Octavio, quien cerró sus ojos, recargando su frente en la empuñadura de la espada, había hecho lo que nunca habrá de ser posible en contra de un creador. 
¿Es todo lo que harás en tus últimos momentos?  Esperaba más de ti. Te prometí que todos moriríamos, lo jure como sello de mis destino en aquel hospital y lo cumplo ahora, ambos tenemos que desaparecer para completar el circulo… Mira tu cuerpo...
·   El numen miro en si mismo sorprendido, miro al cielo exclamando un estridente grito de ira, Octavio lanzó aquel ultimo rezo que invocaría al fruto de la vida, la primer fuerza celestial, El arquitecto sonrió, convencido de que ese poder no era capaz de lastimarlo, al ser él, su creador, por lo que ambos chocaron en un fuerte cruce de espada, quedando envueltos por la maquinaria de aquel poder supremo. 
Mi emisario… ¡esta fuerza! Es mi creación. Su luz, me representa, cuando liberes su poder en nuestra contra, tú habrás de morir y yo solo tendré que crear todo lo que intentas destruir. Soy eterno, mi traidor sirviente…
Te equivocas…

·   En el pecho del arquitecto, algo se había fracturado, en su interior, algo había penetrado y destruido una esencia vital. Entonces Dios miro en la espada de Octavio. Con sorpresa había notado ya muy tarde que, esa no era la espada que el había portado en su cruzada en contra de los humanos, ni en el cielo. 
¿Ya lo has visto? En aquel momento, no fue mi oscura espada, la que regreso a mí, fue la espada de Gabriel, la espada del León, aquella que tu propio hijo entrego al mensajero que dejaste morir al último. 
¡¡¡TRAIDOR!!! (Grito aquel Dios convertido en mortal, aquel golpe que asestó en el mismo instante, cuando decapito a la joven Tiamat. Ambos al mismo tiempo, habían perdido su eternidad, convertidos en simples mortales para ser juzgados por sus actos en la tierra. )
·   Octavio giro en un hábil movimiento, la espada del león y atravesó ambos corazones, el del arquitecto y el suyo. Así el mundo se detuvo en una turbación, al mismo tiempo que una ligera pluma floto por la mejilla de Dios. 
Todo será silencio dentro de muy poco tiempo… Esta es la última voluntad de un designio fuera de nuestro control, mortales somos y su voluntad es una ley que no podemos negar, ahora el fruto nos hará florecer en la nada, consumidos seremos por el fuego de un poder magnánimo. Bella musa, vierte en nuestras almas, aquel fuego que ha destruido toda existencia, con el fulgor de este poder, deja que nuestro rastro sea desvanecido y extínguete con nosotros.
Sin humanos Dios no es nada. Sin ellos no puede existir un Dios, o un ángel… igualmente nosotros no podemos existir sin ellos. La razón de existir, para ambos ha terminado…
·   Los gritos del Arquitecto, fueron apagados por el fulgor de las mil y un millón de voces provenientes del fruto de la vida, Octavio no hacía nada, más que aprisionar contra de si, el cuerpo agonizante de un Dios que negaba ser un mortal. Para ambos el destino había sido sellado, la existencia ahora debía de acabar. En medio de los dos, una luz comenzó a emerger sin control, acto seguido, el fulgor de la explosión de aquel fruto, hizo retumbar todo lo que se encontraba a su paso, borrando del cielo toda nube.  En ese fulgor los cuerpos desaparecieron sin dejar rastro. Después de un momento, todo se volvió calma, el mundo estaba en silencio, inmóvil, el sol estaba a medio día y alrededor del planeta, estaban los demás, muy cerca, que hacían del paisaje aéreo, algo surrealista.

Una estrella se abrió paso entre el cielo, fue directo a la base de aquella oscura Cruz, no muy lejos del árbol de la vida, el cual lentamente volvía sus pétalos azules en rojizas lagrimas que empezaron a caer.
El universo se apagó. Todos los planetas detuvieron su rotación alrededor del planeta, de igual forma el planeta, detendría sus movimientos quedando  de esa forma como si fuesen grandes tumbas, inmóviles al paso de las eras…
una gran planicie quedaría. El universo por fin se detuvo, el mundo murió. Ya no existía amor, ya no existía dolor, ni Dios ni diablo, no había bien o mal. Solo  reinaba la tranquila paz, una eternidad seria el tiempo que duraría, para que un día, finalmente aquella tranquilidad se cubriría lentamente con la extinción del sol. Y así lentamente el universo se apagaría, para dejar de existir…
Pero, ahora es un mundo perfecto…
con una promesa de amor y con dolor… Aquella estrella, era la espada de Octavio, el emisario del apocalipsis, aquel símbolo oscuro, ahora sería la eterna compañía del monumento de los que bajo su filo habían caído. Ambos símbolos se harían compañía eternamente, como el único rastro de que en ese universo, existió algo divino e impuro. Quedarían en aquellas planicies del mundo, tan solo un sentimiento estático, que perduraría en el cuerpo cristalizado de una espada y el fino amor de una cruz, así los dos serian el recuerdo más puro de la existencia misma del ser… y la cruz seria el reflejo de ese amor accidentado que al final no pudo vivir hasta la muerte, pero en la muerte se volvió eterno, como la obscuridad que ahora cubre al universo…

Fin…

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