Skip to main content

Historia Corta - La triste historia de la primera cita

Estábamos sentados en los columpios viéndonos el uno al otro, estábamos sentados no de la manera convencional, estábamos de lado para poder vernos mejor, yo la veía fijamente mientras ella se sonrojaba y se ponía a reír y muy nerviosa, pude ver su sonrisa perfecta y escuchar ese sonido raro que hace cuando se pone nerviosa, además de apreciar sus grandes pómulos y su sonrisa perfecta, tenía sonrisa Colgate, dientes perfectamente alineados y bastante blancos a mi parecer; empezó a reproducir sus canciones y me platicaba de gustos que tenia de la música, yo le hablaba de la música clásica en comparación con el reggaetón y ella no se quejaba ni decía nada, dijo que le gustaba una pieza musical de Bach y yo le comenté qué pieza de música clásica era la que me gustaba (era claro de luna), en ese momento me dijo que la tenía pero me quería decir algo y después de contármelo debería de ignorarlo; me lo dice y me sale pero le dije que no puedo hacer eso, en fin platicamos sobre m…

Escrito corto - Dron

Dron

Jose Luis Pulido

Termine de comer la sopa en menos de dos minutos hirviendo, así como estaba me queme toda la boca, pero no me importo ni un poquito, no me preocupaba quemarme el hocico, me preocupaba no llegar a tiempo, que cuando saliera ya le hubieran pegado una o dos veces.

En cuanto terminé de ponerme los tenis, empecé a escuchar los gritos de mis amigos y por un momento me temblaron las manos, por un momento se me olvido como amarrarme las agujetas, miré el reloj, vi que faltaban tres minutos y me acorde otra vez de todo.

Salí corriendo y sin querer le di una patada a uno de los libros que mi hermano había dejado en el suelo cerca de la sala. Alcance a ver la cara que hizo cuando su libro voló por la sala y pensé que más tarde iba a tener que pedirle perdón muy honestamente… y que después nos íbamos a agarrar a golpes. En estos días siempre terminábamos en golpes.

Bajé corriendo las escaleras y alcancé a mis amigos corriendo en la esquina, riéndose y juntando piedras. Vi que Juan y Noel iban cargando una caja grande y amarilla, vi que la mayoría llevaba una mochila o por lo menos una bolsa que iban llenando de piedras en el camino y me enojé conmigo por siempre llegar tarde a todos lados, tener que juntar piedras con las manos, no tener donde guardarlas. Agarre tres piedras que me gustaron por estar redonditas y me acerque con los demás, quince o veinte niños todos con sus mochilas o bolsas, menos yo, por tragarme la sopa en dos minutos y salir corriendo.

-Hey Jan, no traje bolsa…

-Estas todo tonto si crees que te voy a prestar mi bolsa.

Estaba a punto de intentar quitársela a la fuerza cuando escuchamos que alguien tiro una piedra y todos nos quedamos congelados. Pero era muy pronto y todos nos reímos, todavía ni se escuchaba el sonido del dron. Pero después de eso nadie bajo la mirada del cielo y poco a poco se acercó el ruido como de un mosco gigante y poco a poco también se escuchaba el ruido que hacíamos todos al preparar las piedras.

-Ni modo, me la voy a tener que rifar.

Apreté con fuerza la piedra que tenía en la mano derecha cuando vi a Alan corriendo desde el otro lado de la calle y así, sin decir nada aventó una piedra que pasó rozando al dron. Todos empezamos a tirar piedras después de eso. Intenté cerrar un ojo para apuntar mejor, pero ninguna de las tres piedras que aventé paso cerca. Vi como todos buscaban en sus bolsas las mejores piedras y tiraban lo más fuerte y rápido que podían, pero el dron seguía avanzando, como si nada arriba de las calles de la ciudad, a tres metros de nosotros. Juan y Noel abrieron su caja y sacaron unos globos.

Vi como muchos de los adultos que se quedaban a vernos sonreían. Mi hermano me había dicho que cuando los adultos se acordaban de lo que hicieron cuando eran niños, eso se llamaba melancolía, así que supuse que sonreían por melancolía porque también me contó que, si tenían menos de 80 años, todo mundo había tirado piedras como nosotros, no importaba de que pueblo vinieran, todos tiraban piedras.




¿Quieres leer el final de esta historia? Baja este numero de la revista totalmente gratis desde Google Books por medio de la siguiente liga: bit.ly/2N5M9VE

Tambien se puede apoyar a la revista comprando las versiones disponibles en Amazon:

Comments

Popular posts from this blog

¿Quieres publicar con nosotros? Lee los siguientes pasos.

La revista nace como una idea ambiciosa para dar la oportunidad de publicación a aquellos que no han encontrado cómo hacerlo. La única remuneración que se ofrece es publicar los textos seleccionados sin ningún costo, ya que somos una revista sin fines de lucro.
Nuestra idea central es poder publicar y vender las obras a un costo accesible con el único fin de solventar gastos del proyecto sin algún intermediario y continuar expandiendonos con el propósito de funcionar como una plataforma para aquellos autores que quieren mostrarse al mundo.

Requisitos:
Tamaño mínimo de la obra de una (1) cuartilla, máximo treinta (30) cuartillas.Tipo de letra Times New Roman, tamaño 12, interlineado a 1.5, texto justificado (en casos especiales se debe explicar por qué no se justifica el texto), formato .doc, .docx, .odtContáctanos al correo contacto@elfuturodelayerhoy.com para dar seguimiento.
Por favor toma en cuenta los siguientes puntos:
Nos reservamos el derecho de responder o dar razones de por qué un…

Segunda Convocatoria del Segundo Año para la revista "El futuro del ayer, hoy"

Historia Corta - Las criaturas de Pedro Linares

Las criaturas de Pedro Linares

Habían reído y hablado tanto que discurrió el tiempo sin que se dieran cuenta, tanto que pasaron por alto los repetidos avisos del agua hirviendo en el fogón. La risa y la charla disolvían los dolores, pero el remedio que indudable sanaría a Pedro estaba danzando entre burbujas en un cazo de peltre azul. Su abuela advirtiendo el vapor, se levantó de la silla para servirle un poco, apagó el fuego y se colocó en el extremo opuesto mirándolo beber. Mientras su tasa de té humeaba, notas dulzonas producían un efecto un tanto adormecedor. Un silencio invadió la cocina que era tan amarilla y cálida, que casi se pudieran haber olvidado del mal clima afuera. Pasó el primer trago y de inmediato pudo sentir la canela tibia por su garganta, bajar hasta su estómago e inundarlo con una sensación que lo hacía sentir bien.
Apartó el vaso colocándolo en su extremo derecho sin decir nada y exactamente así, se quedaron los dos. Por un buen rato permanecieron reservándose a …