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Historia Corta - La triste historia de la primera cita

Estábamos sentados en los columpios viéndonos el uno al otro, estábamos sentados no de la manera convencional, estábamos de lado para poder vernos mejor, yo la veía fijamente mientras ella se sonrojaba y se ponía a reír y muy nerviosa, pude ver su sonrisa perfecta y escuchar ese sonido raro que hace cuando se pone nerviosa, además de apreciar sus grandes pómulos y su sonrisa perfecta, tenía sonrisa Colgate, dientes perfectamente alineados y bastante blancos a mi parecer; empezó a reproducir sus canciones y me platicaba de gustos que tenia de la música, yo le hablaba de la música clásica en comparación con el reggaetón y ella no se quejaba ni decía nada, dijo que le gustaba una pieza musical de Bach y yo le comenté qué pieza de música clásica era la que me gustaba (era claro de luna), en ese momento me dijo que la tenía pero me quería decir algo y después de contármelo debería de ignorarlo; me lo dice y me sale pero le dije que no puedo hacer eso, en fin platicamos sobre m…

Escrito Corto - Vuelo de Neón

Vuelo de Neón

Vico

 
Truenos, se escuchan motores a todo volumen de vehículos azul neón surcando por tubos amarillos ficticios que marcaban el principio y el fin de su camino.

De un vehículo a otro se observaban figuras saltar peligrosa y poco hábil de turno en turno, quedaban de pie como titanes haciendo sombra a los gigantescos edificios oscuro y dorado, de concreto como el hielo y cristales pulidos como el sol, donde brillaban rostros sonrientes y tristes, las expresiones exageradas daban vueltas rápidas como si fuera un juego, mensajes enormes corriendo en cintillos a la velocidad de los vehículos, al vuelo del sonido.

Un incendio, una explosión, vehículos fuera de control, las figuras buscaban escapar ahora con mucha más rapidez, pero se encontraban al límite de sus capacidades, otra explosión, más cercana, luces verdes y rojas hacían eco en los edificios y cristales de los horrendos vehículos obtusos.
  



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Historia Corta - Las criaturas de Pedro Linares

Las criaturas de Pedro Linares

Habían reído y hablado tanto que discurrió el tiempo sin que se dieran cuenta, tanto que pasaron por alto los repetidos avisos del agua hirviendo en el fogón. La risa y la charla disolvían los dolores, pero el remedio que indudable sanaría a Pedro estaba danzando entre burbujas en un cazo de peltre azul. Su abuela advirtiendo el vapor, se levantó de la silla para servirle un poco, apagó el fuego y se colocó en el extremo opuesto mirándolo beber. Mientras su tasa de té humeaba, notas dulzonas producían un efecto un tanto adormecedor. Un silencio invadió la cocina que era tan amarilla y cálida, que casi se pudieran haber olvidado del mal clima afuera. Pasó el primer trago y de inmediato pudo sentir la canela tibia por su garganta, bajar hasta su estómago e inundarlo con una sensación que lo hacía sentir bien.
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